Mantequilla de cacahuete

Mantequilla de cacahuete

Por Félix Massó Milleiro

Alexander era un tipo un tanto oscuro, tanto que hasta el personaje principal de sus sueños era una sombra.

Para Alexander lo más importante era caminar por la vida sin que a uno le apretasen los zapatos.

Era un tipo tan inseguro de sí mismo que cuando percibía que su personalidad se desvanecía, recurría a la policía para que lo identificase.

Conoció a Dorothy en el Metro, camino de su trabajo. Desde entonces, lo único que los unió fue la barra de un bar. Su relación de frustró por la afición de Alexander a la mantequilla de cacahuete. Dorothy padecía Anafilaxia, y era vegana.

En cierta ocasión decidieron cenar juntos. Esa noche, tardaron tanto en elegir el menú que cuando se pusieron de acuerdo, se encontraron con que el restaurante ya había cerrado. Decidieron no volver a intentarlo.

En la soledad de su apartamento rumiaba posibles salidas a una situación que  le estaba resultando insoportable. Pensaba si estaría a tiempo de poder contar con algo más que la amistad de Dorothy. Terminó de fumar su eterno último cigarrillo y se planteó elegir entre ella y la mantequilla de cacahuete. Desconocía las consecuencias de dejar de consumir la sustancia a la que estaba enganchado. Decidió buscar la opinión autorizada de un médico.

El Dr. Flaherty, después de escuchar a Alexander, le recomendó que visitara a un psicólogo para que analizase su posible adicción a la mantequilla de cacahuete, y valorase si dejar de consumirla podía producirle ansiedad o depresión. Asimismo, el doctor, le dijo que desconocía que dejar de consumir mantequilla de cacahuete pudiese producir un síndrome de abstinencia, aunque siempre se hubiese asociado al mono con los cacahuetes.

Algo más tranquilo decidió recurrir a la ayuda a un  psicólogo y, de momento, no comentarle a Dorothy su intención de acabar con la barrera infranqueable que los separaba.

Conocía a un amigo que acudía regularmente al psicólogo para que le ayudara a superar sus manías. Se llamaba Jacob y unas veces le daba por arrancarse el poco pelo que le quedaba, y otras por permanecer sentado o pasarse el día rascándose. Jacob era todo un compendio de manías. Le sugirió que visitase al profesor Smith.

Cuando Alexander le explicó al profesor Smith lo que le sucedía, como era el día 28 de diciembre, el psicólogo pensó que aquello era obra de alguno de sus amigos que pretendía gastarle una inocentada y a punto estuvo de echar de su despacho a quien consideraba un falso paciente.

Aclarado el malentendido, el Dr. Smith procedió averiguar cuál era la causa de la adicción de Alexander a la mantequilla de cacahuete. Tras un paseo por algunos aspectos de la vida del paciente pudo deducir que la adicción tenía su origen en la admiración que Alexander sentía por la figura de Elvis Presley. Para evitar un eventual síndrome de abstinencia, le recomendó que acudiese a la ayuda de un psiquiatra para que le indicara el tratamiento que considerase pertinente. En el transcurso de la entrevista, observó que el profesor Smith emitía, de vez en cuando, unos extraños sonido guturales a la vez que trataba de disimularlos. Salió de allí un tanto mosqueado, pensando si no sería el psicólogo quien necesitase la ayuda de un psiquiatra.

Finalmente, Alexander decidió probar a resistir los efectos de retirar de su dieta la maldita mantequilla de cacahuete sin recurrir a tratamiento alguno. Lo hizo y el único efecto que notó fue un ligero estreñimiento. Había vencido el obstáculo que le impedía avanzar en su relación con Dorothy.

Al día siguiente cenaron juntos y, ambos, pidieron que les sirvieran solomillo a la pimienta.

Para compensar el sacrificio de Alexander, Dotothy decidió que visitarían juntos Graceland, la mansión de Elvis en Memphis (Tennessee).

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