Ronquidos Por Félix Massó Milleiro Andrés apuraba sus últimos años como empleado de una correduría de seguros. Muy al atardecer, de regreso a casa, y después de la cena, le llegaba la hora de acostarse. En la cama, tratando de conciliar el sueño, escuchaba, pacientemente los ronquidos, gorgoteos, sibilancias, ronroneos, bramidos, el clic clac del cerrarse y el abrirse de la glotis, y otros variados, y casi indefinibles, sonidos que su compañera emitía mientras dormía, y que lo transportaban a situaciones de los más insólito e inesperado. Los gorgoteos hacían que en su estado de ensoñación se transformara en un buceador que escuchaba el sonido que hacia el aire al ser expulsado por la válvula de su su escafandra autónoma, mientras trataba de arponear a un enorme sargo que se paseaba por los alrededores de donde él se encontraba. Al escuchar el sonido de las sibilancias se convertía en el maquinista de una gran locomotora de vapor, y percibía los sonidos de la salida del vapo...