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Mostrando entradas de enero, 2023

Recuerdos de mi infancia

Recuerdos de mi infancia Por Félix Massó Milleiro A estas alturas de mi vida, a veces, dirijo mis pensamientos a los días de mi infancia. Me da por recordar a personajes populares del Marín de la década de los años 50. Recuerdo a Fray José, un seglar a quien, un día, no se cuando, le dio por ponerse una sotana. Acompañaba en misas y funerales, y otros asuntos de la parroquia, a Don José que era el párroco de Marín. Fray José era gordo y amigo del buen comer, y del mejor beber. Hubo una temporada en la que a mí padre le dio por poner unas colmenas en el jardín de detrás de la farmacia y ejercer la afición de la apicultura. Aunque mi padre no iba a misa, quien le ayudaba a extraer la miel de las colmenas era don José, el cura de la parroquia. Recuerdo verlo con una careta de apicultor que se adaptaba a su sombrero de cura. Con ella y su larga sotana resultaba invulnerable a las picaduras de los insectos. Cuando salía un enjambre, mi padre recurría a Camilo “el de la luz”. Le llamab...

Crónica de una alda

Crónica de una aldea Por Félix Massó MIlleiro Desde que me retiré de la vida laboral vivo en una pequeña aldea perteneciente al municipio de Oza-Cesuras (hasta hace poco era Oza de los Ríos) que se llama Callobre.   Bueno, no digo que viva aislado en la selva; estoy a solo a tres kilómetros de Oza-Cesuras, a seis de Betanzos, y a veintiséis de la ciudad de La Coruña Siendo muy joven medité mucho sobre cómo desearía que fuese mi vida después de cumplir con el castigo divino que sentencia: “Ganarás el pan con el sudor de la frente (lo de que el trabajo dignifica al hombre es un cuento capitalista).   Decidí que llegado el momento oportuno pondría en práctica los pensamientos de Fray Luis de León expresados en su famosa oda a la vida retirada, que empieza diciendo así: ¡Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido, y sigue la escondida senda, por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido Desde entonces procuro llevar una vida tranquila en...

El nogal

El nogal Me regalaron recién salido de una nuez y mis nuevos dueños me plantaron entre una alambrada y un pequeño acebo. Además de nosotros dos había un cerezo, un abedul y un cañaveral que daba sombra a una charca con nenúfares y peces rojos. Al fondo un hórreo del que, a veces, mis sueños sacaban, o metían, todo tipo de cachivaches. El paso de las estaciones marcaban mi vida. Después de la desnudez en la que pasaba el otoño y el invierno, con la llegada de la primavera me brotaban las hojas. Las idas y venidas de los pájaros preparando sus nidos animaban el jardín. Contemplar a los mirlos afanados en encontrar materiales para construir sus nidos y a las palomas torcaces beber en la charca, me entretenía mucho. También, me gustaba escuchar el canto del ruiseñor antes de las amanecidas. Al atardecer el cañaveral se convertía en refugio de los gorriones que llegaban a bandadas para pasar la noche. De vez en cuando venía un jardinero a cuidar el jardín. Con el paso de los...

Historia de un paraguas

Historia de un paraguas Por Félix Massó Milleiro Los paraguas servimos para resguardar a nuestros dueños de la lluvia. Aunque nuestros orígenes se remontan a la antigua China, el paraguas plegable se inventó a principios del siglo XVIII y estaba elaborado con tela de tafetán impermeabilizada. Yo estoy construido con tela de seda, mi bastón es de los llamados continuo; es decir, forma una sola pieza de madera con la empuñadura, que en mi caso esta forrada de fina piel, y mi varillaje está elaborado con buen acero; se puede decir que soy un paraguas de postín. Hago las anteriores aclaraciones para que puedan diferenciarme de mis hermanos los modernos paraguas con tela impermeable sintética y bastón metálico, entre los que se encuentran, además, los paraguas de apertura y cierre automáticos y los paraguas plegables. Mi primer dueño fue un señor mayor a quien le gustaban los paraguas clásicos. Era un tanto presumido y me proporcionó una buena vida, aunque me hizo trabajar mucho...