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Mostrando entradas de marzo, 2023

El susto

El susto Por Félix Massó Milleiro La historia que voy a contar es tan cierta como que los viernes y trece son días de mal augurio. Antonio era una persona que presumía de valiente y de no creer en cuentos de   meapilas. Cierto día, reunidos unos paisanos en torno a una mesa de la taberna, y tomándose unos vinos, decidieron darle un escarmiento. A Jesús, que es muy guasón, se le ocurrió que había que proporcionarle un buen susto para que escarmentase y le bajasen un poco los humos. Como Antonio vivía cerca del cementerio, Jesús y sus compinches planearon comprar unas velas en el estanco de Pampillón, hacerse con una cruz, pedir prestadas en unas sábanas, y organizar un simulacro de la Santa Compaña. Se pusieron manos a la obra y sabiendo que Antonio, finalizado su   trabajo, regresaba a casa al anochecer, decidieron esperarlo escondidos detrás de la tapia del cementerio de A Raña. Disfrazados, con las velas encendidas, en fila india, y con Jesus al frente portan...

El ocio

El ocio Por Félix Massó Milleiro Iba a hablar del odio y, miren por dónde, lo voy a hacer del ocio. Jugarretas de la mente, supongo yo. Dejo el desagradable asunto del odio para otra ocasión. Parto de la base de que todos sabemos lo que es el ocio. Es cuestión, ahora, de saber cómo aprovecharlo. Disfrutar del ocio es una cosa, y estar ocioso, otra muy distinta. Además, el ocio, en la vida, es tan importante, o más, que el trabajo. Alimenta el espíritu, y ayuda a mantener la mente activa. La jornada laboral, ente pitos y flautas, a la mayoría de la gente les representa estar fuera de casa alrededor de 10 horas diarias, si no más, y al final del día casi no queda tiempo para el ocio. Uno se jubila y, acostumbrado a tener que madrugar para iniciar un día de trabajo, de repente se despierta y no sabe que hacer con tanto tiempo a su disposición. Quien supo aprovechar el ocio desde siempre ya está entrenado   y no se va a encontrar con esa dificultad. Al contrario, piensa q...

La cita previa

La cita previa Por Félix Massó Milleiro Esta es la historia de una desesperación. Soy un jubilado y, recientemente, tuve la necesidad de concertar una cita previa con mi banco para pagar un recibo que devolvieron, y me sucedió lo siguiente: Llamé al número de teléfono de atención al cliente y me salió la voz de la operadora diciéndome: - Si quiere usted retirar dinero en efectivo en el servicio de caja, marque, o diga, uno. - En el caso de que desee usted devolver un recibo, marque. o diga, dos. - Si lo que desea es reclamar una comisión indebidamente cobrada, marque, o diga, tres. - Si lo que desea solicitar no es ninguna de las tres opciones anteriormente indicadas, espere, o llame al número 900 000 000. Llamé al número indicado, y me respondieron así: - Si desea retirar dinero en efectivo en el servicio de caja, marque. o diga, uno. - Si su deseo es realizar un ingreso en el servicio de caja, marque. o diga, dos. - Si lo que desea es pagar un recibo en el ser...

Historia de un fantasma

Historia de un fantasma Por Félix Massó Milleiro Verán ustedes, yo soy un fantasma, pero un fantasma de verdad de los de sin carne ni hueso, no como algunos políticos o vanidosos de otros géneros que van presumiendo por el mundo de lo que no son, esos son fantasmas de carne y hueso, o lo que es lo mismo, fantasmas de pega. Habito en eso que a los griegos les dio por llamar el inframundo. Si les contase lo que me encuentro por aquí, no se lo creerían. Algunos que conozco eran más fantasmas en vida que una vez palmados. El ambiente resulta muy divertido pero nada que ver con lo bien que lo paso cuando interfiero en el mundo de los vivos. Bueno, eso de los vivos es un decir, a veces pienso que algunos están más muertos que yo. Generalmente, los fantasmas viven siempre en un mismo lugar, pero yo soy un fantasma vagabundo, me gusta cambiar de ambiente de vez en cuando. Se puede decir que soy un culo inquieto, aunque los fantasmas, como ustedes saben, no tenemos culo. A veces me sorp...

La casa

La casa Por Félix Massó Milleiro Emigré a la Argentina cuando tenía veintitrés años. Cincuenta y siete años después, vuelvo a casa. La herencia de mis padres nunca se repartió. En la casa siguieron viviendo mis dos hermanas. Mi otro hermano, Alfonso, también emigró, y falleció en tierras brasileñas, en donde se había establecido. Tanto él como yo, nunca nos preocupamos de exigir el reparto del patrimonio. La mayor de mis hermanas, Antonia, falleció hace bastantes años y la otra, Josefa, la más joven, poco después de haber mantenido con ella una última conversación telefónica. Eso fue hace casi cinco años. Mientras camino compruebo que la gente con quien me cruzo me observa con curiosidad. Ver a un viejo con sombrero les llama la atención Supongo que por el sombrero o porque nunca me habían visto antes paseando por el pueblo. Será por la alguna   de las dos razones, o por ambas. Dejé mi equipaje en la consigna de la estación del ferrocarril y, como ya es algo tarde, he de ...

Vamos andando

Vamos andando Por Félix Massó Milleiro Hoy, a la hora del paseo, estuve charlando un rato con Agustín. El hombre, apoyado en su andador, sale, casi todos los días, a tomar un poco el aire y se sienta en la marquesina del autobús de línea, que está situada a unos doscientos metros de su casa. Me llamó la atención la leontina que asomaba por su chaleco, le pregunté y, entonces se aprestó a enseñarme su reloj de bolsillo. Agustín no tiene calefacción en casa. Me resulta difícil entender como un hombre tan mayor resiste el frío intenso de estos días. Me dice que en su cama se tapa con tres mantas y que duerme con la ventana entreabierta porque respira mejor. Agustín es viudo y vive solo. Se lamenta de haber perdido a su hija y, pocos meses después. a su mujer. De vez en cuando viene uno de sus hijos a echarle una mano. De apetito no anda mal, come bien y cena poco, a veces lo que le sobró de la comida. Es muy madrugador y su desayuno consiste en un tazón de leche con sopas de pan. Me d...