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Mostrando entradas de mayo, 2023

Condenado a no opinar

Condenado a no opinar Félix Massó Milleiro John Palmer escribía artículos de opinión en uno de los periódicos más prestigiosos del país. Sus crónicas tenían fama de ser un tanto escurridizas. Le decían que su máquina de escribir perdía aceite. El jefe de redacción del periódico le dijo: - Muchacho, acostúmbrate a no escribir cosas tan incisivas, a los “dueños” no le gustan. Palmer sabía a quienes se refería. A veces, pensaba que era cuestión de tiempo que lo invitaran a dejar de opinar. Al cierre de la edición, solía pasear con Poppy, una   guapa periodista que decía que el sujetador le resultaba una prenda imprescindible, algo así como la soga a un ahorcado. En el garito en donde solían tomar la última copa, a esas horas de la madrugada, al barman se le ponía cara de pijama. Una mañana, el director del periódico le llamó a su despacho y le dijo: - Amigo mío, estuve pensando que sería conveniente que te ocupases de la crónica social. Palmer le respondió: -...

Jhonny

Jhonny Por Félix Massó Milleiro Jhonny tenía problemas con la memoria. Un día le dijo a su mujer: - Margaret, cuando desayuno, acostúmbrate a recodarme que me acosté. Su negro Ford parecía recién fabricado en un desguace. Solía pararse en el arcén y, mientras fumaba un cigarrillo, limpiaba el revólver. A Jhonny le gustaba jugar a la ruleta rusa. Se deleitaba coqueteando con la muerte. Decidió dejar la práctica de su macabra afición por si la bala le jugaba una mala pasada y manchaba la tapicería del sofá. El bueno de Jhonny estaba tan obsesionado con que lo seguían que un día la emprendió a balazos con su propia sombra. A Jack, le dijo un día:   - Amigo, cuando me cosan a tiros pídele al forense que me extraiga las balas con una pinza de depilar. En las reuniones de la banda le ordenaba a sus socios que pusieran las armas sobre de la mesa. A veces, los cacheaba. Cuando entraban en un bar, antes de pedir las consumiciones, hacían una redada. En una ocasión se encon...

Insomnio

Insomnio Por Félix Massó Milleiro Fidel padecía insomnio. Pasaba las noches con la paciencia de un relojero. Sus párpados abiertos como las contras de la ventana de la habitación. Por la mañana se sentía como si hubiese echado burundanga en el café con leche del desayuno. En el Metro, camino del trabajo, en las ventanillas del vagón el paisaje se convertía en una película que le resultaba insoportable. Sentado en su mesa de la oficina se sentía como un condenado a galeras. Era tan parco en palabras que sus compañeros tenían que sacárselas con un sacabocados. Su dieta, a base de verduras, y su forma de vida, le creaban cierto complejo de tortuga. Finalizada la jornada laboral, en casa mataba el tiempo visitando páginas en internet que trataran sobre asesinos en serie. Cuando leyó la historia de Jeffrey Lionel Dahmer, el llamado carnicero de Milwaukee, sintió una sensación de desprotección. Esa noche no paró de dar vueltas en la cama tratando de superar su miedo. Los latido...

Sam

Sam Por Félix Massó Milleiro Sánchez era inspector de policía.   En el mundo de la delincuencia le llamaban Sam y a él le gustaba porque le recordaba los tebeos del “febei” que leía cuando era un niño. Sam respetaba a los yonkis porque era consciente de que eran víctimas de las mafias de la droga.   En más de una ocasión compartió porro con ellos mientras les contaba alguna de sus actuaciones policiales. Cuando entraba en un bar y pedía un güisqui, las ratas abandonaban el local. Vivía en una pensión de mala muerte porque su sueldo no le daba para vivir en un hotel y, como era soltero no le atraía vivir en un piso. Prefería hacerlo en donde le dieran todo hecho.   A la hora de la comida ponía sobre la mesa su Walther PP de la que no le gustaba separarse demasiado.   En más de una ocasión había sido su salvavidas.   La placa, siempre detrás de la solapa izquierda de su chaqueta, para poder enseñarla a la vez que con su mano derecha empuñaba la pistola, ...