Condenado a no opinar
Condenado a no opinar Félix Massó Milleiro John Palmer escribía artículos de opinión en uno de los periódicos más prestigiosos del país. Sus crónicas tenían fama de ser un tanto escurridizas. Le decían que su máquina de escribir perdía aceite. El jefe de redacción del periódico le dijo: - Muchacho, acostúmbrate a no escribir cosas tan incisivas, a los “dueños” no le gustan. Palmer sabía a quienes se refería. A veces, pensaba que era cuestión de tiempo que lo invitaran a dejar de opinar. Al cierre de la edición, solía pasear con Poppy, una guapa periodista que decía que el sujetador le resultaba una prenda imprescindible, algo así como la soga a un ahorcado. En el garito en donde solían tomar la última copa, a esas horas de la madrugada, al barman se le ponía cara de pijama. Una mañana, el director del periódico le llamó a su despacho y le dijo: - Amigo mío, estuve pensando que sería conveniente que te ocupases de la crónica social. Palmer le respondió: -...