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Mostrando entradas de noviembre, 2022

Para Luisa

Para Luisa Por Félix Massó Milleiro Tengo cinco años, todavía no los he cumplido… Así comenzaba mi primer libro de lectura. Mientras leía bajo la atenta mirada de la monja, pensaba que Lúa me estaría esperando fuera para llevarme a casa. Lúa me paseaba y solía llevarme a un campo en el que, recuerdo, había muchas flores blancas esparcidas por la hierba en la que nos sentábamos. A veces tenía que pedir un vaso de agua en alguna casa cercana para darme de beber. Lúa y su hermana Pilar habían venido, a finales del siglo XIX, de una lejana aldea para servir en nuestro pueblo. Cuando llegaron todavía eran unas adolescentes. Lúa se quedó en mi casa y Pilar al servicio de un abogado viudo, primo carnal de mi padre, que tenía un hijo único. Pocos años después el hijo se fue a estudiar a Madrid. Cuando falleció su padre el muchacho ya había terminado su carrera y había decidido quedarse en la capital. Pilar siguió a su servicio encargándose de mantener la casa en condiciones para cuan...

Yo, la chimenea

Yo, la chimenea Por Félix Massó Milleiro ¡A ver si llega el frío, de una puñetera vez!. Ya va siendo hora de que mi dueño me encienda. Sí, soy una chimenea hogar y estoy muy decaída desde que llegó la primavera.   En otras latitudes mi hibernación (entiéndase, en sentido figurado) no es tan larga. ¡Como envidio a las chimeneas que viven en Suecia!. A los fósforos, y las cerillas, que casi vienen siendo la misma cosa, puedo decir que les debo la vida.   Digo casi porque existe cierta diferencia entre los fósforos y las cerillas. Las cerillas con poco que las rasques se enfadan, mientras que los fósforos solo lo hacen si se rascan en la caja.   Aunque los fósforos son rojos y las cerillas blancas, se puede decir que,   tanto las unas como otras, son algo comunistas. Viven en grupo dentro de una caja. Bueno, algunas tribus también viven en grupo y no son comunistas, y hay comunistas a los que ni les hablen ustedes de vivir en grupo. Me fastidia mucho que me enci...

El globo de mi hijo

  El globo de mi hijo Comencé a ejercer la medicina en un pueblo de Galicia en el año 1944.   Mi consulta se limitaba a una mesa, un estetoscopio, un tensiómetro de mercurio, un termómetro, y algunos instrumentos sencillos   para practicar cirugías menores. Me establecí como médico de medicina general, que es una especialidad que no requiere especialización. En esta práctica es fundamental lo que se llama “ojo clínico” que consiste en saber utilizar los conocimientos adquiridos para diagnosticar acertadamente una enfermedad. Al poco tiempo de establecerme, mis condiciones económicas me permitieron adquirir un equipo de rayos X. En aquel momento la ley del seguro obligatorio de enfermedad promulgada resultaba prácticamente inoperante para la mayoría de la población. Si alguien necesitaba acudir a la consulta de un médico tenía que pagar el servicio. Aunque cuando llegué al pueblo ya había un par de galenos más, nunca me faltó clientela. Además de atender a ...

La vida de un fotograma

La vida de un fotograma Por Félix Massó Milleiro ¿Saben ustedes que es un fotograma?; ¿No?; pues se lo voy a contar con cierto conocimiento de causa, porque como soy un fotograma nadie puede explicárselo mejor. Los fotogramas le debemos la vida a un tal George Eastman y nuestra utilidad a unos hermanos que se apellidaban Lumiére Cuando desfilamos unidos los hacemos a un ritmo de 18 fotogramas por segundo; bueno, eso sucedía en el cine mudo. Con la llegada del cine sonoro batimos ese record y lo hicimos a 24 fotogramas por segundo. Para poder caminar necesitamos unos orificios que están situados a ambos lados de nuestro cuerpo; son como nuestras piernas. Como en los humanos, que los hay grandes y pequeños, también hay fotogramas grandes y fotogramas pequeños. Pertenecemos a dos razas diferentes, la de blanco y negro y la de color. Hace algunos años la gente, especialmente los jóvenes, nos cogieron manía a los que somos de raza blanco y negro. Deberían de pensárselo un poco y t...

Pan de lobo

Pan de lobo Por Félix Massó Milleiro Siendo un niño tuve la fortuna de conocer a una persona que me condujo a un mundo desconocido. Se llamaba Luis   y era catalán. Cuando crecí y me convertí en un jovencito, un día me habló de que en su tierra se salía al campo coger setas. A mí no se me ocurrió que de lo que me estaba hablando era de lo que en mi pueblo conocíamos como “pan de lobo”. Me enteré de lo que me estaba hablando la primera vez que salí con él al monte a buscar las setas. Luis, músico de profesión, era una persona maravillosa, humilde, extremadamente educado, ocurrente, habilidoso y culturalmente muy inquieto. De todas estas cualidades que adornaban la personalidad de Luis me fui dando cuenta con el paso del tiempo. El caso es que cierto día me preguntó que me parecía si nos acercábamos a algún pinar de los alrededores del pueblo y probábamos a encontrar algunas setas. Dicho y hecho. Nos pusimos a caminar hasta un pinar cercano e iniciamos la búsqueda. No pasó ...

Raíces aldeanas

Raíces aldeanas Por Félix Massó Milleiro Vine a este mundo en una aldea de Galicia poco después de que finalizara la guerra civil. Tengo, por lo tanto, casi 83 años de edad, que es como decir que soy bastante viejo. Nací y me crié en una familia humilde. Mi   padre era carpintero, un buen carpintero.   Me asombraba como con las herramientas de que disponía para desarrollar su profesión pudiera trabajar la madera con tanta precisión y obtener tan buenos resultados. Ver una ventana elaborada por mi padre, con sus hojas y sus contras tan perfectamente ajustadas hacía que me sintiese orgulloso de ser su hijo. Mi madre se dedicaba a las tareas propias del campo, a atender a sus hijos, y a los pocos animales que teníamos. Una vaca, dos bueyes, un cerdo, dos ovejas, unos pocos conejos, y unas cuantas gallinas. Mi abuela le echaba una mano cuidando de nosotros. De mi abuelo tengo el recuerdo de verlo desayunar torreznos acompañándose con pan de brona y una copita de caña. ...

Miau, miau, miau...

Miau, miau, miau… Por Félix Massó Milleiro  Tenemos una gatita que se llama Lisa. Tiene poco más de un año y medio y su cuerpo está adornado con manchas blancas y negras. Voy a contarles su historia. Lisa vino al mundo en la casa de una amiga que vive en una aldea cercana. La acompañaron dos gatitos más; otra gatita que se llama Neko y un gatito negro. Neko vive con una familia en la ciudad y, también, tiene manchas blancas y negras. El gatito negro se quedó a vivir en el lugar en donde nació. De la toda la camada, Lisa fue las más grande, y la más peluda. La elegimos a ella. Para que fuese conociéndonos la visitábamos frecuentemente. Poco a poco fue acostumbrándose a nuestra presencia. Un día nuestra amiga nos llamó para decirnos que los gatitos habían desaparecido. Hacía un par de días que no los veía. Suponía que se los había llevado un zorro o el “ave”. Por aquí le llaman así a las águilas ratoneras. Al día siguiente los encontró dentro de la leñera, en donde los ha...

Presentación

  Resulta que un día que estaba un poco aburrido me senté y me puse a escribir. Lo hice sentado porque me resultaba algo incómodo hacerlo de pie Me sucedió un día del mes de octubre del año de gracia 2022 d. C. A lo mejor fue por eso que mis cuentos puedan resultar algo graciosos. Se me olvidaba decir que atiendo al nombre de Félix Massó Milleiro y que hace 77 años era un recién nacido. Estoy en una edad en la que, no sé por qué, uno tiene la impresión de estar dando las últimas boqueadas.

Jorobado de nacimiento

  Jorobado de nacimiento Por Félix Massó Milleiro Una vez me contaron que había una mula y un caballo que sabían hablar. La mula se llamaba Francis y el caballo Mr. Ed. Francis llego a ser una estrella de cine en Hollywood y Mr. Ed fue muy famoso en la televisión. Hasta tal punto fue célebre que le hicieron una canción que decía así: Caballo con voz no hay dos no hay dos solo Mr. Ed tiene bella voz feliz de aquel que escucha al sabio caballo Mr.Ed es toda una fuente del saber para él no hay problema sin solución ustedes lo verán el gran Mr. Ed es un campeón Yo solo soy un dromedario, tengo una magnífica joroba, pero no se hablar. Mi primo, el camello, tiene la joroba repetida. Aunque a ustedes les parezca extraño, no tengo una sola joroba porque haya empeñado la otra, es que ya naci así. A veces añoro no tener dos jorobas y me siento bastante frustrado cuando lo pienso, aunque lo lógico sería que me sintiese bastante jorobado, porque lo de las jorobas es l...

Toda una vida meciendo

  Toda una vida meciendo Por Félix Massó Milleiro Estoy algo ajada porque soy una vieja mecedora. Les voy a contar una historia. Cuando era joven empecé a mecer en una casa en donde vivía un niño a quien le encantaba ocuparme mientras practicaba su caligrafía. Lo hacía con un “lápiz tinta”. Me asombraba verlo mojar la punta del lápiz con la puntita de su lengua. El niño se llamaba Manolito y era muy listo. Después, los dueños de la casa me regalaron a una parienta muy viejecita que tenía un pajarito que me hacía sentirme alegre. Mientras tanto, acompañaba a mi nueva ama que se llamaba Micaela, en la aventura que se contaba en el libro que estaba leyendo. Transcurrieron unos pocos años y a mi dueña, como era muy anciana,   se le ocurrió morirse. Entonces, pasé formar parte del mobiliario de uno de sus hijos. Me había heredado en compañía de algunos viejos muebles; una coqueta, una cómoda, una mesa de comedor, y un reloj. No tenía hijos pero tenía un par de gatitos, ...

Caminando entre amigos

  Caminando entre amigos Por Félix Massó Milleiro Veo a un zorro salir de entre unos   matorrales. Estará buscando un gallinero en donde el labriego haya dejado la puerta abierta o a una gallina despistada que se haya quedado fuera del corral.   Su pareja, la zorra, estará en la zorrera cuidando a sus recién nacidos zorritos o, quizá, conversando con algún cuervo. Miro al cielo y veo volar a un par de ratoneros que otean el suelo tratando de localizar a algún gazapo, algún ratoncillo, o a algún lirón que no se haya desperezado del todo. Sus polluelos estarán en el nido a la espera de recibir la merienda. Las cascaras de los huevos habrán caído del nido y estarán al pie de la rama del árbol en la que tienen instalado su nido. Al borde del camino me mira una joven culebra bastarda de color verde. Cuando me acerco huye escondiéndose entre la hojarasca. No es frecuente toparse con ellas. Fue una agradable casualidad. En un prado cercano observo a unas vacas pastando...

El jardín de la farmacia

  El jardín de la farmacia Por Félix Massó Milleiro Se accedía al jardín mediante unas amplias escaleras de piedra. Lo primero que se veía era un arco cubierto por un rosal trepador de flores blanquísimas. A la izquierda solía estar “Chicho”,   el perro,   tumbado al lado de su caseta, calentándose con los rayos del sol. A la derecha había una caseta   y dentro,   unas cajas de madera en donde los champiñones brotaban y se desarrollaban. Encima de la caseta había un gran palomar en donde, en la primavera, las palomas se apareaban y hacían sus nidos sus nidos.   Podían oírse los gorjeos  de los palomos defendiendo su territorio. A la derecha del galpón había un melocotonero viejo y encorvado tentando al visitante con sus escasos pero hermosos melocotones. En un rincón estaba Toniño, durmiendo envuelto en una mantita,   mientras su madre, que se llamaba Amalia   cuidaba el jardín. A veces podía verse como una señora mayor po...