Caminando entre amigos

 

Caminando entre amigos

Por Félix Massó Milleiro

Veo a un zorro salir de entre unos  matorrales. Estará buscando un gallinero en donde el labriego haya dejado la puerta abierta o a una gallina despistada que se haya quedado fuera del corral.  Su pareja, la zorra, estará en la zorrera cuidando a sus recién nacidos zorritos o, quizá, conversando con algún cuervo.

Miro al cielo y veo volar a un par de ratoneros que otean el suelo tratando de localizar a algún gazapo, algún ratoncillo, o a algún lirón que no se haya desperezado del todo. Sus polluelos estarán en el nido a la espera de recibir la merienda. Las cascaras de los huevos habrán caído del nido y estarán al pie de la rama del árbol en la que tienen instalado su nido.

Al borde del camino me mira una joven culebra bastarda de color verde. Cuando me acerco huye escondiéndose entre la hojarasca. No es frecuente toparse con ellas. Fue una agradable casualidad.

En un prado cercano observo a unas vacas pastando con los cuernos hacia el viento. Cerca tienen su abrevadero.

Sigo mi camino y,  a escasa distancia de donde me encuentro, camina una pareja de perdices seguida por sus perdigones. Están paseando en familia.

Las bandadas de estorninos, que se van a pasar el verano a otras latitudes, forman nubes negras que parecen tener vida propia. Cambian de forma produciendo sorprendentes efectos visuales. Van coordinados como lo hacen los bancos de sardinas.

A lo lejos se escucha el estribillo de un cuco: cu cu, cu cu… Seguramente estará buscando donde poner sus huevos. Son unos malos padres, ellos ponen los materiales y el trabajo se lo dejan a otros.

Las piaras de jabalíes estarán escondidas descansando a la espera de que anochezca y puedan salir a buscar su alimento. Las bellotas de los robles y de las encinas son un  manjar para los de  esta especie tan emparentada con nuestros cerdos.

Veo a un petirrojo posado en una cerca que primero me observa y seguidamente huye a esconderse entre unos arbustos. Estos pajaritos suelen ser muy sociables. Me pregunto que hablará con sus amigos los pinzones, los jilgueros, las currucas capirotadas, los carboneros, los frailecillos,  los picogordos, y los gorriones.

Una rana se me cruza en el camino. ¿Estará buscando una charca?.

Me encuentro a un burro pastando. Me mira quizá preguntándose que hace por allí un burro sin  orejas y que solo tiene dos patas.

En un arroyuelo que corre al borde del camino están bebiendo una pareja de palomas torcaces. Son bastante más grandes que sus parientes las tórtolas. En cuanto me ven alzan el vuelo. No se fían de los humanos; hacen bien.

Pasa volando un pájaro carpintero dibujando ondas en el aire.

Casi  piso a una salamandra que con su torpe caminar está tratando de cruzar el camino a la vez que escucho como silba su amigo el sapo bufo.

No es época de setas y  no me molesto en introducirme en el pinar para tratar de encontrarlas. Por aquí los paisanos, a las setas, le llaman “pan de lobo”.

Los eucaliptos asolan el paisaje y desangran el terreno. Maldigo a los eucaliptos y a Fray Rosendo Salvado que los trajo a nuestros bosques desde lejanas tierras.

Las ardillas saltan de rama en rama ejecutando asombrosas cabriolas. Parecen los trapecistas de un circo. Deseo que este año los castaños den abundantes frutos. También, que los avellanos sean generosos con ellas.

Los tejones son muy huraños y no se dejan ver con facilidad; sin embargo, los erizos son más confiados y no les da miedo dejarse ver. Muchos de ellos intentando pasar al otro lado de la carretera son atropellados. Me acerqué a uno de ellos y se convirtió en una inexpugnable bola erizada.

En unas hierbas altas y espigadas encuentro a una mantis religiosa, es de color marrón. ¿Estará esperando al macho para merendárselo? Los insectos palo escasean;  tuve la fortuna de ver uno hace ya muchos años.

Hoy no vi a mis amigas las hormigas. Tampoco escuche cantar a ningún grillo. ¿Habrá que declarar a los grillos especie en peligro de extinción?. A mí me parece que sí.

Rematando mi paseo paso cerca de un rebaño de ovejas que están agrupadas debajo de un frondoso árbol buscando sombra. Será porque todavía no les han sacado los abrigos .

El perro de un vecino me ladra y yo le saludo muy atentamente.

Por fin llego a mi casa. Casi es la hora de merendar. Mi gatita, que se llama Lisa, se alegra de volver a verme y acaricia mis piernas con su cuerpo.

Ya lo dijo, y lo escribió Don Antonio Machado:

Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace el camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino

sino estelas en la mar.

Seguiré caminando por la vida, hasta que me fallen las piernas.

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