La vida de un fotograma

La vida de un fotograma

Por Félix Massó Milleiro

¿Saben ustedes que es un fotograma?; ¿No?; pues se lo voy a contar con cierto conocimiento de causa, porque como soy un fotograma nadie puede explicárselo mejor.

Los fotogramas le debemos la vida a un tal George Eastman y nuestra utilidad a unos hermanos que se apellidaban Lumiére

Cuando desfilamos unidos los hacemos a un ritmo de 18 fotogramas por segundo; bueno, eso sucedía en el cine mudo. Con la llegada del cine sonoro batimos ese record y lo hicimos a 24 fotogramas por segundo. Para poder caminar necesitamos unos orificios que están situados a ambos lados de nuestro cuerpo; son como nuestras piernas.

Como en los humanos, que los hay grandes y pequeños, también hay fotogramas grandes y fotogramas pequeños. Pertenecemos a dos razas diferentes, la de blanco y negro y la de color. Hace algunos años la gente, especialmente los jóvenes, nos cogieron manía a los que somos de raza blanco y negro. Deberían de pensárselo un poco y tuviesen en cuenta que las obras maestras del cinematógrafo fueron realizadas con fotogramas de la raza blanco y negro.

Tenemos unos hermanos que no saben andar; son los fotogramas fotográficos. A ellos no les importa porque no tienen necesidad de participar en carrera alguna, son fotogramas sedentarios.

El material con el que estaba formado el cuerpo de los  primeros fotogramas era el nitrato de celulosa, pero como era un material muy dado a padecer una enfermedad llamada “combustión espontanea”, nuestros usuarios tenían que estar llamando continuamente a los bomberos. Para solucionar el problema a alguien se le ocurrió crearnos con un sucedáneo que de llama acetato de celulosa. Al menos conservamos el apellido. Más adelante vinieron los fotogramas de poliéster.

Ahora me voy a permitir explicarles cuál es el trabajo a que nos dedicamos los fotogramas andarines.

Somos como mensajeros de imágenes. En una máquina un tanto complicada nos hacen circular enganchados como los que bailan la conga y por un fenómeno que no alcanzamos a comprender contribuimos  a darle vida a lo que se llama el cinematógrafo.

En mi caso tuve la satisfacción de ser portador de la imagen de una señora que se llamaba Gilda y como a mí siempre me gustaron las mujeres bonitas, estaba contentísimo. Algunos de mis amigos no fueron tan afortunados, conocí a uno al que habían impresionado con la imagen de un tal Nosferatu.

Los fotogramas fuimos clonados para poder estar al mismo tiempo en varios sitios a la vez, que en nuestro caso son salas de cine de todo el mundo. Viajábamos por muchos países y tenemos la necesidad de hablar varios idiomas para hacernos entender allí a donde nos llevaban y nos utilizaban.

Nuestra vida es un tanto efímera por la sencilla razón de que con el tiempo nuestra comunidad se deteriora y nos hacemos inservibles. Entonces, nos queman o nos tiran a la basura, y nos sustituyen por una flamante copia. En esas copias habrá un fotograma idéntico a mí, pero no soy yo. En algunos casos algunos fallecen prematuramente de una enfermedad que se denomina censura.

Parece que anda por ahí un fantasma que nos amenaza y que atiende al nombre de digitalización. Como parece que la cosa va para largo, de momento estamos tranquilos.

Le recomiendo que vean cine de ambas razas y de todos los tiempos; disfrutaran del llamado séptimo arte, que no es poco.

Que ustedes lo vean bien.

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