Mary had a little lamb
Mary had a
little lamb …
Por Félix Massó Milleiro
Se cuenta que, en cierta ocasión, un señor tuvo un “bombillazo” e inventó la bombilla. No cabe la menor duda de que tiene mucho mérito tener un “bombillazo” antes de que se inventase la bombilla. Según dicen las malas lenguas, la idea ya se le había ocurrido a otros que resultaron ser menos hábiles a la hora de promocionar sus descubrimientos. A lo mejor fue por esa la razón por la que al otro pudo “encendérsele la bombilla” e inventar algo que ya estaba inventado. Vayan ustedes a saber.
En algunos países de Hispanoamérica, al abombilla, le “disen” bombillo.
Una vez inventada la bombilla había que comercializarla y su equipo se puso a pensar sobre cómo se podía conectar la bombilla, a los cables por los que le llegaría la corriente eléctrica necesaria para que se hiciese la luz, e inventaron un elemento al que pusieron el nombre del inventor. Así nació el casquillo con rosca para enroscar las bombillas eléctricas en un elemento complementario al que denominaron portalámparas. Desconozco cueles fueron las razones por las que eludieron llamarle portabombillas.
Por el momento la cosa quedo ahí hasta que a alguien se le ocurrió inventar el casquillo de bayoneta. En este sistema el macho tiene dos prominencias que se introducen en la hembra, que esta acoplada al cable. A algunos les puede resultar motivo de envidia lo de las dos prominencias. Dejó las concomitancias sexuales para otra ocasión.
Las bombillas con el sistema de bayoneta, como no podía ser de otra manera, se utilizaron en la iluminación de las trincheras durante la I Guerra mundial. Las bayonetas de las bombillas decidieron preguntarle a las bayonetas que pinchan cual era el motivo por el que mataban a la gente que, además de ser una crueldad mermaba la clientela de las ferreterías en donde se vendían las bombillas. Las bayonetas de pinchar les contaron que ellas no querían matar a nadie y lo que pasaba es que las empujaban y se clavaban en los soldados sin que pudieran evitarlo. Se justificaban diciéndoles que ellas solo eran unas mandadas.
Lo que pasó con las bombillas después de que se inventasen es suficientemente conocido por los lectores, motivo por el que no voy a molestarme, ni molestarles, en recordárselo.
Al supuesto
inventor de la bombilla eléctrica le gustaba mucho una canción cuya letra empezaba así:
Mary had a little lamb,
little lamb, little lamb,
Mary had a little lamb,
whose fleece was white as
snow.
¿Se han enterado ustedes de algo?. Yo me he quedado como estaba. El título de la canción es “Mary Had a Little Lamb”, Creo que tiene algo que ver con un corderito, o algo así.
El ilustre inventor no descansaba pensando en cómo podía hacer para escuchar la canción mientras se duchaba, sin que alguien estuviese en el cuarto de baño para cantársela. Era un hombre muy recatado y no quería correr el riesgo de que alguien le viese sus “intimidades”.
Después de muchos meses dedicado a la tarea de meditar sobre el asunto, de repente, ¡pum!, volvió a encendérsele la “bombilla”, Se desconoce si se trató de la primera bombilla, o era otra porque la primera se la había fundido el filamento y ya no se encendía.
Finalmente, él y su equipo técnico, dieron con la solución y nació el ansiado invento al que bautizaron con el nombre de “phonograph”, que en castellano cervantino quiere decir fonógrafo.
Antes de que se me olvide. Tuve un fonógrafo pero lo vendí porque no tenía el cilindro con la grabación de “Mary Had a Little Lamb”, lo que me causaba cierta ansiedad. Me limité a seguir el consejo de mi siquiatra.
Como la grabación en los cilindros para phonograph (fonógrafo) era un coñazo, porque tenía que hacerse uno por uno, no quedaba más que remedio que a alguien se le ocurriese inventar un sistema con el que fuese posible producir el soporte de las grabaciones en de forma masiva. Esto no tiene nada que ver con las armas de destrucción masiva, que quede claro.
El inventor pensó: ¿Qué pasará si plancho los cilindros?. Para averiguarlo se puso manos a la obra y ejecuto un plan. Obtuvo unas planchas cuadradas a los que no había manera de meterle mano a los surcos en los que escondía la grabación. El pollo no tuvo más remedio que agudizar su ingenio y, por fin, tuvo una idea redonda y la aprovecho para inventar disco y el “gramophone” (gramófono). A partir de aquí supongo que ya conocen ustedes como terminó todo esto.
Ahora voy a relatar unos hechos que fueron motivo de enfrentamiento entre el del “bombillazo” y otro inventor. Es lo que se conoce como la guerra de las corrientes. Aprovecho para aclarar que este asunto no tiene nada que ver con la guerra del golfo. Lo digo por lo de las corrientes.
Como se había puesto de moda la pena de muerte, alguien planteó la posibilidad de que el condenado pasara el trance sufriendo algo menos que con el método tradicional que estaba de moda en aquel momento; la horca; es decir, colgar al reo por el gaznate hasta que estirara la pata, señal inequívoca de que la pena se había ejecutado eficientemente.
A alguien se le ocurrió pensar en una silla en la que, una vez se sentado el condenado a muerte, atado y bien atado (no tiene nada que ver con lo de Franco, ojo), se le conectaba un cable en la testa y, otro en la pierna y así, con la colaboración, desinteresada e imparcial, de una descarga eléctrica, procederían a convertir al reo en chamusquina. Todo muy humano, desde luego.
Para comprobar cuál de dos las corrientes conocidas, la alterna o la continua, era la más adecuada para liquidar a un semejante, a uno de los inventores se le ocurrió dar un mitin en el demostraría las excelencias de la corriente continua para matar a personas. Realizo la demostración utilizando como víctima propiciatoria a un elefante que atendía al nombre de "Topsy" que había comprado en un circo, sin derecho a devolución.. Antes de empezar con la “acción ejecutiva” le preguntaron a los presentes si alguien deseaba ofrecerse voluntario a comprobar la eficacia del sistema. Ninguno de los allí presentas levantó el brazo.
Dados los resultados obtenidos, y con los aplausos del respetable público asistente al acto, la silla eléctrica fue homologada e inaugurada el día 6 de agosto de 1890. Fecha en la que quedó confirmada como uno de los grandes logros de una humanidad deshumanizada.
Sobre otro métodos de ejecución, que actualmente están de moda, prefiero no hablar porque me está empezando a dar nauseas, y no lo digo por los que son víctimas de la pena de muerte sino por quienes los condenan, y los que la ejecutan, que conste.
Lamento
terminar este escrito con una historia tan macabra.
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