Yo, la chimenea

Yo, la chimenea

Por Félix Massó Milleiro

¡A ver si llega el frío, de una puñetera vez!. Ya va siendo hora de que mi dueño me encienda.

Sí, soy una chimenea hogar y estoy muy decaída desde que llegó la primavera.  En otras latitudes mi hibernación (entiéndase, en sentido figurado) no es tan larga. ¡Como envidio a las chimeneas que viven en Suecia!.

A los fósforos, y las cerillas, que casi vienen siendo la misma cosa, puedo decir que les debo la vida.  Digo casi porque existe cierta diferencia entre los fósforos y las cerillas. Las cerillas con poco que las rasques se enfadan, mientras que los fósforos solo lo hacen si se rascan en la caja.  Aunque los fósforos son rojos y las cerillas blancas, se puede decir que,  tanto las unas como otras, son algo comunistas. Viven en grupo dentro de una caja. Bueno, algunas tribus también viven en grupo y no son comunistas, y hay comunistas a los que ni les hablen ustedes de vivir en grupo. Me fastidia mucho que me enciendan con esos artefactos a los que llaman “mecheros”, me parece una horterada,  y si son de gasolina,  peor me lo ponen; ¡dan un pestazo…!.

Se me olvidaba, los fósforos tiene palo y las cerillas tiene como un bastoncillo hecho de papel y cera. A mí, con tal de que me enciendan, me da lo mismo,  qué lo mismo me da.

Mi antepasado más lejano es la hoguera, es como  la“Lucy” de las chimeneas.  Nadie puede negar lo reconfortante que es calentarse al fuego de una hoguera,  y si no que se lo pregunten a los vaqueros del lejano oeste. En algunos tristes momentos de la historia las hogueras no fueron utilizadas para cosas tan pacíficas, desgraciadamente.

Más cercana es mi parienta la “lareira”, que es como yo pero menos sofisticada. Podría decirse que la “Neanderthal” de las chimeneas. Es una chimenea un tanto ligera de humos. Podría decirse que es una chimenea con “muchos humos”.

La chimenea hogar, o sea yo, tenemos entrañas, aunque a ustedes no se lo parezca.  Estamos formadas por el hogar, el altar, la cámara de humos, la campana, y el conducto de salida de humos.  Para mayor información sobre mis entrañables entrañas les sugiero que consulten ustedes el libro titulado “Chimeneas hogar” de la Editorial Gustavo Gili.

Mi creador deberá de utilizar las matemáticas a la hora de calcular las dimensiones adecuadas para cada una de las partes de mi cuerpo. La peor desgracia que nos puede suceder a una chimenea es quedar escasas o amplias de tiro. En el primer caso hasta se nos indigesta la madera de roble, y en el segundo padecemos de diarrea.

También, es importante nuestro aspecto exterior. En mi caso me vistieron con mármol, madera (para mí repisa), y cobre para mí campana. Me encuentro muy favorecida.

La leña es mi alimento y la que más me gusta quemar es la de roble; la de pino me resulta demasiado fácil de digerir, y la de eucalipto me resulta indigesta,  el nombre ya me pone los pelos de punta cuando pienso en lo indigesto que es quemarla. Por cierto, está poniéndose de moda alimentarme con algo a lo que llaman “pellets”, es como un pienso.  Espero que a nadie se le ocurra darme la oportunidad de adquirir complejo de pollo de corral.

Últimamente se están poniendo de moda las estufas de leña; son como una chimenea con gafas; tiene que ver el mundo a través de un cristal. Están muy bien para quienes no puedan construirse una como yo. Y es que no hay como una buena, y elegante, chimenea hogar, si no, que se lo pregunten a mis dueños.

Está a punto de llegar el frío y estoy muerta de hambre.

¿Se anima alguno de ustedes a echarme una cerillita?.

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