El ocio
El
ocio
Por
Félix Massó Milleiro
Iba a hablar del odio y,
miren por dónde, lo voy a hacer del ocio. Jugarretas de la mente, supongo yo. Dejo
el desagradable asunto del odio para otra ocasión.
Parto de la base de que
todos sabemos lo que es el ocio. Es cuestión, ahora, de saber cómo aprovecharlo.
Disfrutar del ocio es una
cosa, y estar ocioso, otra muy distinta.
Además, el ocio, en la vida,
es tan importante, o más, que el trabajo. Alimenta el espíritu, y ayuda a
mantener la mente activa.
La jornada laboral, ente
pitos y flautas, a la mayoría de la gente les representa estar fuera de casa
alrededor de 10 horas diarias, si no más, y al final del día casi no queda
tiempo para el ocio.
Uno se jubila y,
acostumbrado a tener que madrugar para iniciar un día de trabajo, de repente se
despierta y no sabe que hacer con tanto tiempo a su disposición. Quien supo
aprovechar el ocio desde siempre ya está entrenado y no se va a encontrar con esa dificultad. Al
contrario, piensa que es el momento de sacarle jugo a la vida. Se alegrará de
poder dedicarse intensamente a infinidad de deseadas actividades que van a embaldosar
el nuevo camino que ha emprendido. Se levantará y le faltará tiempo para irse,
por ejemplo, de pesca; un lunes, un martes, o cuando le venga en gana.
Se entiende el por qué los
franceses están saliendo a la calle a protestar porque sus políticos quieren retrasarle
la edad de su jubilación. Les quieren reducir un tiempo sus vidas en el que
puedan dedicarse a disfrutar. Aquí, en España, ya han fastidiado bastante al
personal retrasando la jubilación hasta los sesenta y siete años, somos
demasiado tolerantes. Es como si trataran de que un jubilado viva el menor
tiempo posible para que deje de ser una carga para las arcas del Estado. Lo
ideal, para algunos, sería pasar directamente del mundo del trabajo al
cementerio. Hay que aclarar que eso lo piensan algunos para los demás, ellos, seguirán
practicando su afición preferida, que es seguir haciendo caja.
El pescador, retirado de su
duro trabajo en el mar, puede, ahora, dedicar parte del día a pescar desde la punta de un muelle, o
recordar, en la taberna, en animada conversación con sus amigos, su pasado
marinero, o, simplemente, a jugar una partida de dominó a la hora del café.
Hay que empezar reconociendo
que gestionar, a diario, tantas horas de ocio no resulta tarea fácil. El
fantasma del aburrimiento siempre está al acecho.
Será bueno tener una afición
que ocupe parte de nuestro tiempo de ocio, es el caso, por ejemplo, de aquel a quien
le guste desarrollar algún tipo de trabajo artesanal.
La fotografía, la música, le
lectura, el cine, la escritura, la jardinería, son, entre otras, algunas actividades
a tener en cuenta. El aficionado a la lectura podrá descubrir nuevos autores y
sorprenderse de cuanto le queda todavía por conocer y aprender; quien lo sea a
la fotografía puede orientar su afición al nuevo mundo del tratamiento digital;
y el que es cinéfilo dispondrá del tiempo necesario para dedicarse a volver a
ver aquellas películas de las que guarda tan buenos recuerdos, o para descubrir
cine que nunca tuvo oportunidad de conocer. Pasear, también es una actividad
muy gratificante. Quien esté en buena forma física puede dedicar su tiempo de
ocio a echar una carrerita, o a practicar
la halterofilia.
Reflexionar, también es una
tarea muy recomendable.
Una recomendación: tampoco
hay que agobiarse.
El objetivo es terminar el
día satisfecho, y dispuesto a afrontar la
siguiente jornada con ánimos renovados.
Por cierto, quien tiene la
suerte de poder disfrutar ese período de su vida en compañía de su ser más querido,
puede considerarse muy afortunado.
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