La cita previa

La cita previa

Por Félix Massó Milleiro

Esta es la historia de una desesperación.

Soy un jubilado y, recientemente, tuve la necesidad de concertar una cita previa con mi banco para pagar un recibo que devolvieron, y me sucedió lo siguiente:

Llamé al número de teléfono de atención al cliente y me salió la voz de la operadora diciéndome:

- Si quiere usted retirar dinero en efectivo en el servicio de caja, marque, o diga, uno.

- En el caso de que desee usted devolver un recibo, marque. o diga, dos.

- Si lo que desea es reclamar una comisión indebidamente cobrada, marque, o diga, tres.

- Si lo que desea solicitar no es ninguna de las tres opciones anteriormente indicadas, espere, o llame al número 900 000 000.

Llamé al número indicado, y me respondieron así:

- Si desea retirar dinero en efectivo en el servicio de caja, marque. o diga, uno.

- Si su deseo es realizar un ingreso en el servicio de caja, marque. o diga, dos.

- Si lo que desea es pagar un recibo en el servicio de caja, marque, o diga, tres.

- Si lo que desea solicitar no es ninguna de las anteriores opciones, manténgase a la espera.

Volví a llamar y dije: “el tres”. La respuesta fue: lo sentimos, esa opción no está disponible. Me di cuenta del error y volví a llamar. Esta vez dije: tres.

Respuesta: En este momento nuestros operadores están ocupados, manténgase a la espera, o vuelva a usted llamar pasados uno minutos. Me mantuve a la espera hasta que me dieron las uvas, y colgué.

Decidí, entonces, personarme en la entidad bancaria al día siguiente.

A las ocho de la mañana estaba yo en la puerta de la sucursal pero no la abrieron al público hasta las nueve. Entré y me dirigí a una señorita que estaba sentada en una mesa a la izquierda de la entrada y le expliqué el problema. Le dije que deseaba pagar un recibo que ellos mismos devolvieron. Me dijo que para ese tipo de operación podía realizarla en el cajero automático o en la ventanilla de caja. Esperé a que alguien apareciera por el mostrador en el que colgaba un letrero que decía “Caja”. Por fin, a las once, llego alguien y me acerque para realizar el pago del recibo. El pollo me dijo que para que le atendiese tenía que pedir una cita previa llamando al teléfono de atención al cliente. ¡Ya estábamos como antes!.

Como a mí eso del cajero automático no se me da bien, volví a donde la señorita, le expliqué lo sucedido, y le dije que quería hablar con el director. La respuesta fue que estaba en una reunión y que no podía atenderme. Me recomendó que llamase al número 900 000 001 para concertar una cita previa.

Total, que me fui para mi casa con el rabo entre las piernas. preocupado de me fueran a cortar la luz por falta de pago, por culpa de un error del banco, en la cuenta había dinero suficiente para ese recibo y mil más.

Una vez en casa, me apresuré a llamar al teléfono que me indicó la señorita. Lo marque y la voz de la operadora me respondió que el servicio estaba saturado, que me mantuviera a la espera, o que llamara pasados unos minutos. Milagrosamente, pasada media hora larga, una voz me preguntó que es lo que deseaba y le dije que una entrevista con el director de la sucursal de la entidad, indicándole la ubicación de la maldita oficina. Me pidió que me identificara, lo hice y me respondió que, por seguridad, le dijese la clave que me habían enviado, por SMS, a mi teléfono. Me hice un enorme lío porque no sabía bien cómo acceder a los mensajes mientras estaba hablando. Bueno, al final lo conseguí y le di la clave a la interlocutora. Me respondió: es correcta. Alabado sea el Señor, pensé yo. Entonces, me dijo que tomase nota del día y la hora de la cita. Me apresuré a buscar papel y lápiz y le pregunté que para cuando. Me respondió: a las 12,30 h P.M. del próximo día 3 de junio. Lo de próximo ya me sonó a guasa porque estábamos a principios del mes de febrero y, después, lo de P.M. ya me desconcertó de todo. Protesté pero no me sirvió de nada. La operadora me dijo que las citas se daban por riguroso orden de solicitud y que no podía hacer nada al respecto. Trate de explicarle que el problema era que ellos mismos me habían devuelto el recibo de la luz y que la compañía me iba a cortar el suministro por falta de pago. Muy amablemente me respondió que ella lo sentía mucho pero que no podía ayudarme a resolver el problema.

Total que al día siguiente me acerqué al cajero, a esperar a que un alma caritativa me ayudase a realizar el pago del recibo en el maldito cachivache.

Si hubiese tenido un amago de infarto, ¿habría necesitado pedir una cita previa?. No me extrañaría nada.  

Buena parte de lo relatado aquí de manera esperpéntica ya está empezando a suceder y a fectar a la mayoría de las personas de edad avanzada.

Poco a poco van haciendo que pasemos por el aro como perros amaestrados.

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