Memorias de un psiquiatra
Memorias
de un psiquiatra
Por
Félix Massó Milleiro
Decidí ser médico cuando leí
La historia de San Michele.
También, siempre tuve una
gran inclinación hacia el mundo de las letras.
En los años que pase en
Santiago de Compostela fui miembro del Partido
Galeguista cuyas cabezas visibles eran Ramón Piñeiro y Domingo Garcia Sabell,
teniendo como compañero de fatigas, entre otros, a José Manuel Beiras con quien
me unió una amistad hasta el final de mis días. Siendo estudiante de medicina
gané la “Flor Natural”, otorgada a la mejor poesía en castellano, en los juegos
los florales que organizaba la Universidad de Santiago de Compostela, y publiqué
varios trabajos en el periódico “La Noche”.
Terminé la carrera y elegí la
especialidad de psiquiatría. Por aquel entonces la psiquiatría en España estaba
en mantillas. Ser psiquiatra era poco más que aspirar a ejercer la profesión en
un manicomio.
Con el título en el
bolsillo, y sin encontrar una salida, no tuve más remedio que decidirme a ejercer
la medicina general. Abrí un consultorio en un pueblo marinero del sur de
Galicia, con la esperanza de encontrar otro lugar en donde poder ejercer mi
verdadera vocación.
Transcurrido casi un año,
alguien m brindó la oportunidad de entrevistarme con un famoso psiquiatra,
residente en Madrid, para pedirle que me ayudara a introducirme en el mundo de
la psiquiatría profesional. El resultado de la entrevista fue frustrante. Todo
fueron buenas palabras, pero ninguna solución a mi problema. Al despedirme, el
prócer de la psiquiatría me dio una tarjeta en la que figuraban un retaila de
cargos. Entonces, pensé: no me extraña que no tenga nada para mí, todo lo tiene
ocupado él.
Meses después recibí una
carta de un compañero de carrera que estaba trabajando en un hospital de los Estados
Unidos. Lo que me contaba en su carta me abría un nuevo mundo de posibilidades,
hasta ahora desconocidas, que, quizás, me ayudaría a salir del túnel en el que me
encontraba.
Contesté a la carta
pidiéndole que me facilitase información sobre hospitales a quienes pudiese
dirigirme solicitando un trabajo como psiquiatra. No tardé en recibir respuesta
de mi amigo en la que me animaba a que llevase adelante mi iniciativa.
El caso es que me dirigí a
varios hospitales estadounidenses solicitando un puesto de trabajo.
Pasado un tiempo, y sin
esperanza alguna de recibir alguna respuesta a mi petición, me encontré en el
buzón, con una carta del hospital Springfield Hospital Center in Sykesville, Se
trataba de un hospital psiquiátrico, con más de dos mil camas para enfermos
mentales, situado en Sykesville, un pequeño pueblo del estado de Maryland.
Cuando recibí la propuesta
las lagrimas acudieron a mis ojos: ¡Por fin, había encontrado la salida del
túnel en el que me encontraba!.
Al día siguiente, tras
pasarme la noche pensando en lo afortunado que estaba siendo, me apresuré a
responder, aceptando el ofrecimiento.
No habían pasado un par de
meses y recibí el contrato de trabajo y pude iniciar los trámites necesarios
para conseguir el visado que me permitiría entrar en el país.
Llegue a Nueva York a
mediados del mes de junio del año 1958. Recuerdo que me metí, accidentalmente,
en el barrio del Harlem, aunque sin consecuencias dignas de ser reseñadas. Tomé
un tren a Baltimore y, desde allí me desplacé a Sykesville.
Fui muy bien recibido y,
aunque mi inglés era bastante deficiente, lo cierto es que me ofrecieron todo
tipo de facilidades para que me adaptase a la situación lo antes posible.
Tenían experiencia en ayudar a un médico emigrante a superar los problemas de
adaptación que pudieran presentársele.
Me alojaron en uno de los
apartamentos que disponían para médicos residentes. Todas mis necesidades
fueron ampliamente satisfechas.
Lo cierto es que todo fueron
facilidades y, aunque los comienzos fueron duros, con largas jornadas de
trabajo y estudio, me fui adaptando a mi nueva vida. Mejoré mi inglés, lo que
me ayudo a establecer relaciones y a hacer amigos.
Al poco tiempo conocí a una
joven enfermera ocho años más joven que yo y establecimos una relación cada vez
más cercana. En un viaje que realizamos conjuntamente con otros compañeros del
hospital le pedí, de sopetón, que se casara conmigo. A los dos meses nos casamos
y nos fuimos a vivir a uno de los apartamentos que el hospital destinaba a sus
empleados casados.
Pasó el tiempo y cuando
cumplí treinta y un años decidí regresar a España hasta cumplir los treinta y
cinco, para evitar que me alistaran y me enviaran a la guerra de Vietnam.
Estuvimos dos años en España
y como los fondos se iban agotando, conseguí un trabajo en un hospital en
Canadá y allí nos fuimos. Al año de estar allí, tuvimos nuestro primer hijo, un
niño, y regresamos a España por un año más hasta que alcance la edad adecuada y
decidimos retornar a Sykesville, y retomar nuestros trabajos en el Springfield
Hospital Center.
Al poco tiempo, nos
construimos una casa en las afueras de Sykesville y nos fuimos a vivir allí. En
esta nuevas circunstancias, tuvimos dos hijos más; dos niñas.
Transcurridos algunos años,
ante los problemas que me surgieron por negarme a utilizar litio en los
tratamientos de mis pacientes, decidí abandonar el hospital y ejercer la
psiquiatría de forma privada. Abrí una clínica en la que entre otros trabajos,
me acogí al programa del gobierno destinado a tratar los trastornos
postraumáticos que sufrían los excombatientes de la guerra del Vietnam,
Llego la hora de retirarme, cerré
la clínica, vendimos la casa. y compramos una en las afueras de Alexandria. Tuve la intención de regresar a mi
país pero las circunstancias familiares me lo impidieron.
En el año 2007 sufrí una
lesión renal aguda y tuve que someterme a diálisis tres veces a la semana.
A los pocos meses decidí
interrumpir el tratamiento y descansar de vivir. Lo hice rodeado de mi mujer,
mis hijos, y mis nietos, brindando con champan. Antes me despedí de amigos y
familiares a quienes notifique mi decisión.
Siempre tuve la ilusión de
pasar los últimos años de mi vida en mi pueblo natal. No pudo ser.
Al igual que en estos días del año 2023, estuve muy enfermo y no podía hacer nada por mí mismo debido a mis cálculos renales y al herpes. Pero hoy le doy gracias a Dios por haber usado al Dr. Jekawo para salvar mi vida. Estoy muy agradecido por lo que el Dr. Jekawo hizo por mí después de años de sufrimiento. El Dr. Jekawo me preparó medicinas a base de hierbas que curaron por completo mis problemas renales y el herpes. Después de tomar sus remedios herbales durante 20 días, estoy curado y sano de nuevo. Vivo en Ohio, Estados Unidos, y el Dr. Jekawo me envió las medicinas a través de DHL después de que pagué por ellas. El Dr. Jekawo es un médico herbolario tradicional africano que heredó el poder ancestral de sus antepasados para curar todo tipo de enfermedades, como demencia, ELA, Parkinson, diabetes, herpes, VPH, fibromas, hepatitis, clamidia, VIH/SIDA y disfunción eréctil. Hay muchas otras enfermedades que no puedo mencionar aquí, pero si contactan al Dr. Jekawo por correo electrónico a drjekawo@gmail.com o a través de su sitio web www.drjekawo.com, él les explicará su trayectoria y conocimientos en medicina herbal.
ResponderEliminarCreo que cualquiera puede enfermarse, así que espero que mi testimonio pueda ayudar a alguien.