Mi pueblo, y sus personajes
Mi
pueblo, y sus personajes
¡Ah, el pueblo!. El pueblo
es nuestra casa común. El pueblo es, también, sus personajes.
Andrés
el Rata -así le llamaban-, era un zapatero remendón que tenía, como mascota,
una rata metida en una jaula. La cuidada con esmero. A los chillidos del
animal, prestaba especial atención su gato, El Rata lo tranquilizaba y,
acariciándolo, le decía
- Tranquilo, gato, cuando la
palme, te la comerás
Era cojo; había quedado tullido
a causa de la poliomielitis.
Marcial el Furtivo, se dedicaba
a capturar pájaros en el campo. Cogía jilgueros, pardillos, camachuelos, y
verderones, que vendía a los aficionados al silvestrismo. El resto del tiempo
lo dedicaba a disecar animales y a hacer chapuzas..
Evaristo el Tenazas, el herrero,
tenía muy mala leche. Corría a los niños que curioseaban su trabajo, los
perseguía blandiendo las enormes tenazas con las que sujetaba los hierros que calentaba
en la fragua, gritándoles
- ¡Como os coja, os voy a
poner las orejas al rojo vivo!
Manuela, la Reseca, era una
solterona espigada y flaca; vestía de negro, era de novena diaria, y no había
conocido varón. Vivía con dos hermanastras bastante más jóvenes que ella y que
en nada se le parecían. A una de ellas la tenía consumida porque pensaba que
había salido un poco pendón. Su cantinela era siempre la misma
- Algún día darás con un
sinvergüenza que te va a desplumar algo más que el dinero, también, la honra
Con la otra no se metía
porque era medio lela.
Paco el Urraca, que era el
enterrador del cementerio municipal, comía sentado utilizando la mesa de las
autopsias, en donde, además, compartía meriendas y chismorreos, con las viudas que visitaban a
sus finados. Tenía un cuervo que había caído del nido y que alimentó hasta que
aprendió a volar. El animal terminó acostumbrándose vivir con su dueño y
salvador. Para que no escapase le cortaba, de vez en cuando las puntas de las
plumas de las alas remeras. Saltando de tumba en tumba, seguia al Urraca allá a
donde fuere, gritando, mientras ponía los ojos en blanco
- ¡Paco. Paco, Paco…!
A Ezequiel, que era uno de
los jardineros municipales, le llamaban el Mustio porque siempre parecía
marchito como las plantas que arrancaba en los jardines. Calzaba botas de agua “Katiuskas”, de esas que llegan
hasta la rodilla. No se las sacaba nunca.
A veces, don Isaías, el
alcalde, paseaba por los jardines y, cuando se lo encontraba, le decía
- Ezequiel, ¿Cómo van los
rosales?
- Van bien, don Isaías, a
ver si el tiempo no se tuerce y no se malogran.
- A ver
- ¡A las órdenes del señor
alcalde!
Fidel el Triste, era
cantero. Estaba siempre pasmado, y solía pasear silencioso por las afueras del
pueblo, Tapaba su cabeza con una boina calada hasta las orejas. Su presencia
solo era percibida cuando se escuchaba el repiqueteo que producía cuando
golpeaba la maceta con el cincel. Hacía cruces de piedra para el cementerio, lo
que no ayudaba a levantar su ánimo.
Cuando alguien se encontraba
con él, y le preguntaba
-¿Qué te pasa, Fidel?
Siempre respondía lo mismo
- Me aburro
Anselmo el Flauta, tocaba la
flauta travesera en la Banda de Música Municipal. Era tan escuchimizado que
cuando desfilaba en la banda de música, si lo cogías de perfil, pareciese que
la flauta levitaba y tocara sola.
Paulino, el Trancas, pintor
de profesión, era un tipo peculiar. Era viudo, y mal encarado, pero buen
profesional. A pesar de lo mucho que bebía su trabajo era impecable. Decía que lo
hacía porque el plomo de la pintura le daba sed. El caso es que, después del
trabajo la sed persistía y agarraba unas tremendas borracheras. Algunos
bromistas le decían
- Paulino, parece que hoy pintaste
el Ayuntamiento de un tirón
El Trancas respondía
- Sí, y la casa de la
querida de tu padre
José, el Pantallas, era el proyeccionista
del cine. Cuando se hizo mayor provocaba grandes jaleos en las proyecciones de
las películas. Solía dormitar mientras trabajaba. Se despertaba al oír las
protestas de los espectadores, que gritaban
- ¡Pantalla, pantalla,
pantalla…!
Entonces, se despertaba
sobresaltado y solía confundirse de rollo. El dueño del cine
termino poniéndole un ayudante para que lo controlase.
Hablarles de todos los personajes del pueblo, sería el cuento de nunca acabar, así que, por el
momento, ya es suficiente.
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