Muletillas
Muletillas
Por
Félix Massó Milleiro
Todos estaban jubilados y en
entre ellos, se conocían por sus muletillas. Por ejemplo; cuando veían a don Fermín,
el médico, decían: Ahí viene No tiene cura. Era su coletilla.
Se relacionaban de jugar una
partida de tute, de pasear juntos, de compartir un banco en el jardín, o de
sentarse juntos en la mesa de la terraza de un bar.
Don Javier, cuando mantenía
una conversación con alguien, utilizaba mucho
- Toma jarabe
El abogado, don Julio, si
las circunstancias le daban pie a ello, solía apuntar
- Una causa perdida
Don Antonio el juez, decía
- En caso de duda
El jefe de correos, don
Justo, formulaba
- Vaya paquete
Francisco, el carpintero, exclamaba
- No pega ni con cola
A Ricardo, el ferretero, le
gustaba utilizar la frase
- Menudo clavo
El panadero, que se llamaba
Luis, soltaba, siempre
- Es harina de otro costal
García, el pastelero
calificaba los hechos diciendo
- Menudo merengue
El fotógrafo, exigía
precisión en el relato reclamando
- Enfócamelo bien
Don José, que había sido funcionario
del Ayuntamiento, observaba
- Para ponerle una póliza
El maestro, don Ignacio,
exigía precisión en el relato, utilizando la muletilla
- Aplícate más
Carlos, el cazador, pedía a su
interlocutor ser más directo
- Apunta mejor
El muy anciano cura, don Servando, cuando algo merecía su
beneplácito, soltaba, siempre
- Alabado sea
La partida de tute que
jugaban, en el bar, todos los días después de comer, la formaban: No tiene
cura, Vaya paquete, No pega ni con cola, y Para ponerle una póliza. Asistían a
la partida de mirones, Aplícate más y Enfócamelo bien. A No pega ni con cola le
desagradaba la presencia de Enfócalo bien, decía que lo gafaba. Cuando lo veía
entrar, decía, en voz baja, ¡concho, ya está aquí el cenizo!.
Menudo merengue recordaba sus
buenos tiempos en la pastelería, que atendía con su mujer, Clarita, y su
trabajo en el obrador, rodeado de sus merengues y sus cremas.
Apunta mejor extrañaba sus
paseos por el monte, acompañado de sus perros, a la caza de perdices, becadas,
y conejos. Hablaba de los estragos que había causado la mixomatosis, enfermedad
venida de Francia, en la población de conejos.
Menudo clavo había
traspasado la ferretería y decía que el nuevo dueño no la tenía tan bien
surtida como él, y que había reducido la plantilla de empleados.
Para ponerle una póliza
decía que el mejor alcalde que había tenido el pueblo había sido don Leocadio
que, además de velar por los vecinos se preocupaba mucho por las retribuciones
de los funcionarios del Ayuntamiento.
Es harina de otro costal, el
panadero, rememoraba el éxito que había tenido el pan bombón, que se había
convertido en una de sus especialidades.
A En caso de duda le gustaba
que lo confesase, en privado, Alabado sea, porque ya conocía cuáles eran sus
debilidades, y le decía
- ¿Qué, lo de siempre?
En caso de duda, respondía
- Claro
Alabado sea, lo absolvía
- Bueno; reza lo de costumbre,
quedas perdonado.
Toma jarabe echaba de menos
las tertulias en su rebotica, a la que eran asiduos: Vaya paquete, Menudo
merengue, Apunta mejor, Aplícate más, y Para ponerle una póliza. A veces,
también asistían a las reuniones: No tiene cura, y En caso de duda.
Enfócamelo bien disfrutaba
explicándole a sus amigos la técnica del revelado fotográfico y las
características de la cámara Leica, que era su favorita. También, les hablaba
de objetivos, velocidades de obturación, sensibilidades de películas, de
comprobar el nivel lumínico con el fotómetro, etc..
Aplícate más añoraba sus
tiempos de maestro en activo y le gustaba demostrar sus amplios conocimientos
mientras paseaba, por la alameda, acompañado por Para ponerle una póliza, Es
harina de otro costal, Menudo clavo, y Enfócamelo bien.
Bueno, queden ustedes con
Dios, que ahí viene Alabado sea y me va a echar un responso porque hace tiempo
que no le hago una visita.
Comentarios
Publicar un comentario